Esperar. Espera a ser bebida, a ser transformada, a moverse. Espera que le salgan unas patas y marcharse corriendo a toda velocidad fuera de la mesa. Seguramente correría y, al no tener ojos, caería al vacío y se rompería en mil pedazos de taza. Sería una completa vergüenza y un total fracaso. El evento único y roto por falta de ojos. Qué decir de las patas, tendrían que ser levantadas con el resto de cuerpo y nadie podría preguntarse qué carajos es esto o cómo carajos le han salido patas a esta taza. Seguramente la cuestión no pasaría si la taza en cuestión no estuviera ocupando el lugar de un vaso de whisky. Es decir, son las seis treinta y siete de una tarde templada de febrero. Las lluvias de febrero han pasado y el clima amenaza nocturno. Una taza de café en el lugar de un vaso de whisky es comprensible, se adivina incluso. Es posible digamos.
La explicación de qué es lo que hace ocupando un lugar que aparentemente no es suyo puede determinarse por las circunstancias del sujeto en cuestión. Puede ser porque el sujeto tiene que manejar o porque en la Ciudad de México, al menos en este espacio delimitado por delegaciones, hay más cafeterías que bares. Eso podría explicar alguna cosa. Pero no el todo. La taza de café sigue estando en el lugar del vaso de whisky, explicándose como una cuestión temporal y de premeditación absoluta. Y la expresión sencilla del ocupar de la taza de café es sólo el antojo y el placer de la bebida caliente más allá de la posibilidad de los hielos. Sin embargo, imaginemos que al sujeto en cuestión se le han prescrito una serie de medicamentos que hacen posible la ingestión de alcohol. Supongamos que el sujeto que ocupa con la taza de café el lugar del vaso de whisky está medicado. Supongamos que fue sometido a un proceso que tiene como condición no beber malta. Supongamos también, que el sujeto no quiere violentar las leyes de la medicina. Y supongamos la verdad que no existe y que es que el sujeto sentado frente a la taza de café ha decidido beber café y no whisky y la decisión explica la ocupación de un lugar. Sin embargo, eso no explica qué hace esa taza.
Pensemos en lo siguiente. El vaso de whisky se ha distraído por un momento. Supongamos que se lo han llevado porque en el fondo, sólo le quedaba un corazón de hielo y en cuanto ha visto oportunidad, el corazón caliente de la taza de café se ha sentado, con un maullido, en el lugar del vaso de whisky. Y entre sueños de maltas y hielo se ha perdido de regreso. Esto no es lo que ha pasado, pero nos abre la puerta para saber qué es lo que realmente ha sucedido. La taza de café significa la mesura de una tarde de viernes, significa a libertad del sujeto que la ha pedido y significa que la malta, frente al grano de café, ha perdido una batalla milenaria que la deja de lado y hace que el café, sus granos y su molido para filtro espresso, vuele en una taza y robe el lugar. El lugar ha sido robado por la taza de café. ¿Qué hace una taza de café en el lugar de un vaso de whisky? Espera a ser apresada por robo de espacio. Espera ser procesada y terminada y, mientras el proceso continúa, se queda pensando qué hace en ese lugar. Es un ejercicio ocioso. ¿Qué hace una taza de café en el lugar de un vaso de whisky? Espera el intercambio, como los espías, como las estaciones, como los puntos cardinales. ¿Qué hace una taza de café en el lugar de un vaso de whisky?

1 comentarios:
Ahora lo sé, te amo otter
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