09 junio 2018

Estar



Nadie puede estar a huevo, mi amor. En ninguna parte. Físicamente es posible. De ahí que los poetas buscaran una salida para estar sin estar. Renunciar a lo que nos aprisiona: a esta ecuación de gravedad con la que nos tomamos las cosas. De ahí los soñadores. De ahí los mismos poetas, los locos, los "en fuga", los hombres santos. 

Nadie puede estar a huevo, mi amor. Metafísicamente hablando, etéreamente hablando: hablando sin letras, sin frases, sin lenguaje. Tú no pudiste. Yo no pude. Esta sensación de reclamo que dejan estas fases no son reclamo,carajo, no son reclamo. Son reproche. Un reproche al destino, a la fortuna , a lo que somos, a lo que seremos y a lo que nunca fuimos. 

Y no pudiste estar a huevo junto a mi, vida mía. Y yo no pude estar a huevo en tus brazos de miel. Y nos faltó imaginación, nos faltó hipocresía; nos faltó dejar de ser nosotros: faltó que tú dejaras de ser lo que eres, de eso de lo que estuve perdidamente enamorado, y que yo dejara de ser lo que soy, aquello que no dejaré de ser nunca: ni vencido, ni triste, ni en rehabilitación, ni muerto pues. 


Pero mira, alma mía: a huevo, lo que mexicanamente, lo que sacrosantamente decimos a huevo… No se puede. Y lo intenté. Y lo intentaste. Y lo intentamos. Y lo intentó. Y lo intentaron. Y nadie pudo. Y nadie pudo porque a huevo, lo que se dice a huevo, mi amor: ¡tú no!, ¿y yo? Tampoco.   

04 junio 2018



El olvido es naturaleza. Elegible. No elegible. Concreto vacío. Primera luz del día. Mecanismo de la obviedad absurda. Viaje. Whisky. Cubo de hielo. Mano derecha, chica de la barra compartiendo una receta de bourbon. Secreto  profundo. Soy un vampiro.

El olvido elegido. Pensado. Decidido. Olvido necio: mi padre emerge a  media mañana. Basta una imagen. Basta un recuerdo no solicitado. Voluntad y memoria. El mundo me pasa como el río después de la lluvia. 

Prisión. Estocolmo. Sabores tranquilos. Memoria racional. Involuntaria pero racional: acto sublime de supervivencia, partícula única, invención de Morel. 


El amor, la libertad; los ideales imbéciles. Mentiras contadas. Ganas de joder toda la puta noche. Costumbres rotas. El péndulo sobre la nuca de mis desvelos. Olvido total, real, último. 

03 marzo 2018

les liaisons dangereuses


Al otro lado del departamento: el tigre. Oigo sus zarpas sobre el piso laminado; oigo su lengua atroz que espera lamerme la mejilla para entregarme a una muerte lenta, aburrida. 

Lo dejé entrar en primavera. Siendo un cachorro pensé que siempre sería inofensivo: los pecados del padre. Ahora acecha mis desvelos. Emisario silencioso. Máscara. Recordatorio del evento certero que se cierne sobre nuestras cabezas. Promesa de nuestro nacimiento. 

Huelo su hambre, su odio, su naturaleza febril, femenina, asesina. El temor  que se vuelve agonía. El tigre solitario urde mi derrota, mi muerte, la extinción de mi espíritu.


El tigre usurpará mi recuerdo. Me convertirá en la historia imposible de lo que fui y nada podrá ser diferente. Levantó la cabeza, se acerca cansado. 

18 enero 2018

Invierno

Vuelvo las páginas del libro. Busco un derecho, un revés, el mensaje entre líneas. Había algo entre las páginas pero nada cae. El libro de Luisa está en la repisa. No le he quitado la envoltura: Arde Josefina. 

El silencio está de más. 

Escribo esto tiempo después. Sin albergar las mínimas intenciones y con una frase en la cabeza. Estar de cabeza. Dirigirse de cabeza. Viento divino. Kamikaze. 

Cada fragmento de la batalla interminable. La piedra que vuelve a rodar  al mismo lugar y regresa de nuevo. 

Lista de cosas que no volverán a pasar: 
  1. el azul 
  2. sus piernas
  3. fatigas interminables
  4. noches silenciosas a su lado

Tampoco pasará esa preocupación incómoda. En otro momento. Quizás en otro momento. Voraz. Comprometido. Naturalmente incomodo.

Las preocupaciones se convertirán en globos de helio: volarán por el cielo hasta reventarse encima de otras cabezas. 


El frío continuó toda la noche. Sus labios, casi pálidos, aún estaban rojos. 

19 diciembre 2017

Otoño



Sin hojas 
Sin amarillos
Sin ocres 

El crujir en el piso a la vuelta y las desventajas de quien ha dormido bastante. La pertinente promesa del final sin principio. El camino sin rumbo. Pero camino, al fin, camino.

Miel que resbala por columnas soñadas y el fresco de la mañana que esconde el frío de la noche: sombras que vuelan desbocadas. 

Mediodía: derrumbe naciente de un sortilegio azabache y enmarañado. Cruce de caminos cerrados. La sinfonía de quien, consecuentemente, aspira una armónica grave. 

Gris citadino: suave, concreto. Temperatura templada. Un saborcito caliente. Un morado flotando. Un no sé qué. Adicción equivocada: rumbo de salientes perfectas. 


Dormir se ha vuelto esa pesadez insoportable, esa costumbre, mala costumbre. 

07 diciembre 2017

7 de diciembre, 8.52


Hilton. Estructura minimalista. Naturalmente minimalista. 
Caso fortuito. Capricho del destino. Un evento cuasi azaroso. 
Al otro lado de la cama: la luz del amanecer. Estoy seguro de que este evento no se repetirá nunca más. Ella estará al otro lado del pasillo.  Ariane: la manzana que se resbala en este otoño interminable.  

Soy un gitano. 
Ella lo ha comprendido tan bien como una mujer puede comprender.
No confío. 
Decido tomar café y a escribir. 
Entenderás que estas cosas, este ir y venir, este otoño, este descubrir otros labios y otras piernas sólo se tiene en la medida en la que no se tiene. 
Y esto no lo convierte en un drama sino en un poema. 
Así que, para no averiarla de más, para no hacer de tripas corazón, la he dejado tomando un sol que entra por la venta de su cuarto. Y he pensado, en un momento alephiano, en la infinidad de posibilidades que no sucederán y las he guardado en una caja y las he tirado al mar. 

Este sueño se terminará como los demás. 
Dejará el recuerdo de lo que fue. 
Dejará el sabor del whisky. 
Dejará el sabor del hambre con la que me comí sus labios. 

He pasado los últimos días saltando entre varios planos de una misma realidad. 
El hombre no es uno e indivisible. 
Hay una multiplicidad de oportunidades de ser. 


Pessoa: siempre una cosa tan inútil como la otra, siempre lo imposible tan estúpido como lo real, siempre el misterio del fondo, tan cierto, como el sueño de misterio de la superficie, siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni otra.

07 noviembre 2017

María Luisa




Dentro de la casa había una esquina a la que le daba el sol. Era el único lugar con un poco de sol por las mañanas. Ahí escuché por primera vez hablar a María Luisa. Mi amante fantasma llega puntualmente todos los solsticios de otoño y se marcha antes, mucho antes, de los primeros días de invierno. Nunca soportó el frío.

María Luisa es fascinantemente aburrida. Siempre me reclama las otras estaciones del año, las otras faldas que atraviesan mi imaginación y el tiempo que desperdicio en leer libros de detectives. Siempre fue así desde el principio: una letanía que me llevaría al suicidio o al exorcismo. Sin embargo, y desde la primera vez, el sexo fantasmal… 

El sexo fantasmal. Mi paciencia al no llamar a cualquier sacerdote, hechicero, brujo, psiquiatra, santero o cualquier alimaña parecida tuvo, de manera casi inmediata, resultados paradisíacos. Al primer encuentro con María Luisa le siguieron muchos otros. El hecho de que apareciera una vez al año me dejaba con cierta impaciencia. Impaciencia que terminó, como todo, disolviéndose en el tiempo. 

Entonces las visitas de María Luis, aunque anuales, se hicieron  comunes y corrientes; como todas las visitas, como todas las fantasmas. María Luisa terminó por aburrirme y de un culto se convirtió en la moneda que le das al barquero por un paseo, aunque sea el último.

Así fue como este año decidí, en un esfuerzo más que desesperado simple y plano, tapar el hueco por donde entraba el rayo del sol y calentaba la esquina. La esperanza era simple: erradicar de una vez y para siempre, la visita anual de María Luis y cerrar, como si de un camino luminoso o un portal mágico se tratara, el lugar por donde se escurría todos los años. 


El sortilegio funcionó hasta ayer en la noche que llamaron, como en el poema, a mi puerta. Esperaba que al abrir me encontrara a una mujer hermosa de cabellos oscuros y ojos azules. Pero supe, al momento de tocar la manija, que uno no se deshace tan fácil de una mujer fantasma.