18 enero 2018

Invierno

Vuelvo las páginas del libro. Busco un derecho, un revés, el mensaje entre líneas. Había algo entre las páginas pero nada cae. El libro de Luisa está en la repisa. No le he quitado la envoltura: Arde Josefina. 

El silencio está de más. 

Escribo esto tiempo después. Sin albergar las mínimas intenciones y con una frase en la cabeza. Estar de cabeza. Dirigirse de cabeza. Viento divino. Kamikaze. 

Cada fragmento de la batalla interminable. La piedra que vuelve a rodar  al mismo lugar y regresa de nuevo. 

Lista de cosas que no volverán a pasar: 
  1. el azul 
  2. sus piernas
  3. fatigas interminables
  4. noches silenciosas a su lado

Tampoco pasará esa preocupación incómoda. En otro momento. Quizás en otro momento. Voraz. Comprometido. Naturalmente incomodo.

Las preocupaciones se convertirán en globos de helio: volarán por el cielo hasta reventarse encima de otras cabezas. 


El frío continuó toda la noche. Sus labios, casi pálidos, aún estaban rojos. 

19 diciembre 2017

Otoño



Sin hojas 
Sin amarillos
Sin ocres 

El crujir en el piso a la vuelta y las desventajas de quien ha dormido bastante. La pertinente promesa del final sin principio. El camino sin rumbo. Pero camino, al fin, camino.

Miel que resbala por columnas soñadas y el fresco de la mañana que esconde el frío de la noche: sombras que vuelan desbocadas. 

Mediodía: derrumbe naciente de un sortilegio azabache y enmarañado. Cruce de caminos cerrados. La sinfonía de quien, consecuentemente, aspira una armónica grave. 

Gris citadino: suave, concreto. Temperatura templada. Un saborcito caliente. Un morado flotando. Un no sé qué. Adicción equivocada: rumbo de salientes perfectas. 


Dormir se ha vuelto esa pesadez insoportable, esa costumbre, mala costumbre. 

07 diciembre 2017

7 de diciembre, 8.52


Hilton. Estructura minimalista. Naturalmente minimalista. 
Caso fortuito. Capricho del destino. Un evento cuasi azaroso. 
Al otro lado de la cama: la luz del amanecer. Estoy seguro de que este evento no se repetirá nunca más. Ella estará al otro lado del pasillo.  Ariane: la manzana que se resbala en este otoño interminable.  

Soy un gitano. 
Ella lo ha comprendido tan bien como una mujer puede comprender.
No confío. 
Decido tomar café y a escribir. 
Entenderás que estas cosas, este ir y venir, este otoño, este descubrir otros labios y otras piernas sólo se tiene en la medida en la que no se tiene. 
Y esto no lo convierte en un drama sino en un poema. 
Así que, para no averiarla de más, para no hacer de tripas corazón, la he dejado tomando un sol que entra por la venta de su cuarto. Y he pensado, en un momento alephiano, en la infinidad de posibilidades que no sucederán y las he guardado en una caja y las he tirado al mar. 

Este sueño se terminará como los demás. 
Dejará el recuerdo de lo que fue. 
Dejará el sabor del whisky. 
Dejará el sabor del hambre con la que me comí sus labios. 

He pasado los últimos días saltando entre varios planos de una misma realidad. 
El hombre no es uno e indivisible. 
Hay una multiplicidad de oportunidades de ser. 


Pessoa: siempre una cosa tan inútil como la otra, siempre lo imposible tan estúpido como lo real, siempre el misterio del fondo, tan cierto, como el sueño de misterio de la superficie, siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni otra.

07 noviembre 2017

María Luisa




Dentro de la casa había una esquina a la que le daba el sol. Era el único lugar con un poco de sol por las mañanas. Ahí escuché por primera vez hablar a María Luisa. Mi amante fantasma llega puntualmente todos los solsticios de otoño y se marcha antes, mucho antes, de los primeros días de invierno. Nunca soportó el frío.

María Luisa es fascinantemente aburrida. Siempre me reclama las otras estaciones del año, las otras faldas que atraviesan mi imaginación y el tiempo que desperdicio en leer libros de detectives. Siempre fue así desde el principio: una letanía que me llevaría al suicidio o al exorcismo. Sin embargo, y desde la primera vez, el sexo fantasmal… 

El sexo fantasmal. Mi paciencia al no llamar a cualquier sacerdote, hechicero, brujo, psiquiatra, santero o cualquier alimaña parecida tuvo, de manera casi inmediata, resultados paradisíacos. Al primer encuentro con María Luisa le siguieron muchos otros. El hecho de que apareciera una vez al año me dejaba con cierta impaciencia. Impaciencia que terminó, como todo, disolviéndose en el tiempo. 

Entonces las visitas de María Luis, aunque anuales, se hicieron  comunes y corrientes; como todas las visitas, como todas las fantasmas. María Luisa terminó por aburrirme y de un culto se convirtió en la moneda que le das al barquero por un paseo, aunque sea el último.

Así fue como este año decidí, en un esfuerzo más que desesperado simple y plano, tapar el hueco por donde entraba el rayo del sol y calentaba la esquina. La esperanza era simple: erradicar de una vez y para siempre, la visita anual de María Luis y cerrar, como si de un camino luminoso o un portal mágico se tratara, el lugar por donde se escurría todos los años. 


El sortilegio funcionó hasta ayer en la noche que llamaron, como en el poema, a mi puerta. Esperaba que al abrir me encontrara a una mujer hermosa de cabellos oscuros y ojos azules. Pero supe, al momento de tocar la manija, que uno no se deshace tan fácil de una mujer fantasma. 

09 octubre 2017

rothko: verde sobre morado



el aburrimiento
el aburrimiento 
¡oda al aburrimiento! 
Oda a esa sensación que detrás de los ojos vuelve pesados los párpados.

estoy terriblemente aburrido
aburrido de las calles y de la gente
aburrido de la administración  
de este ir y venir
del dinero
de aquello que requiere más de dos minutos de atención

aburrido de todo lo que exige, de todo lo que demanda, de todo lo que genera una necesidad desesperada y momentánea: inmediata 

No soy inmediato

elegí perderme en un verde sobre morado, más en el fondo, más al fondo,quizá la explicación del verde sea sólo el momento en el que las cosas toman un sentido consciente o consiente o cociente

el color que me llama desde el día de muertos 
desde la túnica pedestre de algún ministro de culto

Soluciono en algún capítulo perdido de La Literatura Nazi en América todo aquello que importaría Si mi biblioteca ardiera esta noche. Y encuentro que solucionar y no solucionar se juntan como en un anillo de matrimonio, como en un grillete ajustado al tobillo de algún negro. 

vuelvo al morado 
me vuelvo insufrible

He pensado que lo siguiente: lo que viene, lo que todavía no es pero viene,  lo que está más allá de la línea del horizonte, un poco más allá de donde llega la imaginación de lo que es hasta allá pero que ya no se ve, todo esto que desfila ininterrumpidamente  es tan inútil como hoy o como el día de mañana o como lo que viene el año que viene. 

el aburrimiento
mi aburrimiento
circunstancia perfectamente prevista
fardo voluminoso, estorba pero no pesa
el peso, en esos mismo términos en los que estoy pensando - o en los que creo que estoy pensado - se hace demasiado fantástico para ser imaginario y demasiado real para tomarse en serio
un desencanto anida en verde del té verde: 


hoy cualquier  jueves se podría ir al carajo  

28 septiembre 2017

Otra tuerca a la vuelta


El 19 de septiembre volvió a temblar en México. 

Hay secuelas: el poema curso de Juan Villoro, el exceso de noticias, el compromiso moral de ayuda, los perros rescatistas. 

No quiero decir que desperté con el sismo. Despertar con el sismo sería darle demasiada importancia al sismo o a despertar cuando pase el temblor. Tampoco es que estuviera durmiendo. O de vacaciones. O deprimido, tirado en alguna banqueta imaginaria. O disparándome en mi estudio como Werther. 

Escribo esto porque pensé una frase en la mañana. La frase es la siguiente: A todo el mundo le gusta fornicar. 

Pienso en esta frase como el inicio de todo lo demás. 
Han pasado demasiados años. 

La gente es siempre lo que es y lo que es, es lo que está destinada a ser. El destino último es la muerte. Pero eso ahora no importa.

Estoy errando. 

He perdido la costumbre. ¿Debería regresar a decir alguna cosa? ¿Qué ha pasado en este tiempo? El tiempo mismo es lo que ha pasado. 

Vuelvo como quien vuelve a una vieja cabaña abandonada y llena de agujas de pino: saqueada por los mapaches. No quiero vivir en esta cabaña. Sólo estoy de paso. 
(El mundo es una gran cabaña.) 

Yo... No sé... Yo estaba por los alrededores, de paso. El aire familiarmente desconocido me hizo girar la cabeza. 

Y estos árboles y esta atmósfera y he recordado que había un lugar al que asistía y era feliz. Regreso. Regreso como quien toma decisiones y espera que algo suceda; como si ver de nuevo algo conocido fuera la causa de algo que está por suceder. 

Puede suceder nada. 
Y suceder nada significaría que algo está sucediendo. Estoy siendo optimista.

Tengo una lata de conserva llena de desencanto. 
Este desencanto. 
Este ruido. 
Este ruido incesante de los autos que pasan. 
Estoy despertando. ¿Estoy despertando? ¿Necesito una nueva numeración? No recuerdo cómo se hacía esto. Juan Villoro es cursi. Tengo una certeza: esta letras existen, incluso, a pesar mío. Incluso a pesar mío.